jueves, 16 de mayo de 2013

Capitulo 8 Estas preciosa.


Juliette  me da un pijama, y entro en la ducha. Disfruto del agua cayendo por mi cabeza y resbalando por mi cuerpo, como si no me hubiera duchado en meses.  Salgo de la ducha y me envuelvo en una toalla blanca. Me miro al espejo. Tengo un aspecto horrible. Ojeras, pelo alborotado…  Dios, sabía que estaba mal, pero ¿tanto? Me pongo el pijama y nada mas salir lo único que se me 
ocurre  decir: “Tengo n aspecto horrible”. Ella ríe.

-  Eso significa noche de chicas. – dice emocionada.

- Emm vale.


                                                  **************************************** 


Para cuando acaba son cosa de las dos de la mañana y estoy agotada. No me ha maquillado ni nada por el estilo como esperaba, y sinceramente, mejor, porque ¿para qué quiero estar maquillada a las dos de la madrugada estando en pijama? Para nada. Me ha arreglado el pelo, que incluso pareciendo casi imposible, se me había puesto fatal en tan poco tiempo. Parecía que me había dado una descarga eléctrica. Me miro al espejo. Vuelo a tener mi pelo rubio normal, cortado a capas y ligeramente ondulado por la parte inferior. Tengo la piel mas pálida que de costumbre. Nunca he sido muy morena de piel, pero en esta ocasión estoy bastante más blanca. Tengo ojeras debajo de mis ojos. Esos ojos tan extraños que nunca me han gustado, pero que al parecer gustan a la gente, no se por qué.  Azules, de un tono anaranjado o amarillento (dependiendo de la luz) alrededor de la pupila, y en la parte más alejada de esta un tono gris claro, y con ligeras motas blancas apenas visibles por el iris. Sé que no son feos, siempre lo he sabido, pero siempre me han gustado más los verdes, los azules normales, e incluso los marrones, esos ojos que la gente ve como comunes, pero que yo veo preciosos. Dicen que son todos iguales, pero estoy segura de que ninguno es igual a otro, que hay muchas tonalidades, empezando desde los avellana y terminando  por aquellos que a simple vista pueden parecer negros. Me miro sin decir palabra. Nunca me he considerado, por así decirlo atractiva, puede que tenga ese estúpido pelo rubio que muchas quieren, y esos ojos azules, pero la forma de mi cara… no me gusta. Pero por un momento, puede que después de mucho tiempo, me veo bien, me siento, por decirlo de alguna manera, guapa.

-¿Te gusta? – dice emocionada-

- Me encanta- digo sonriendo, siendo totalmente sicnera.

- Estas preciosa.

- Tu eres preciosa. –digo sonriendo. Ella se sonroja. Se queda  callada.

-Y todos los guardianes sois, bueno, tan…  - digo sin pensar, y al momento me arrepiento.

- ¿Tan qué?

- Atractivos. –digo sonrojándome- Juliette comienza a reir.

                                       *****************************************


Me despierta un golpe seco en la puerta. Me levanto ligeramente y veo como Juliette se despierta poco a poco. Se frota los ojos y va a abrir.

-Hola primita, ¿esta Gwendolyn? – oigo a James.

-Pasa – dice con voz dormida.

- Hola Gwendolyn,  ¿Qué tal has dormido?- dice con su habitual sonrisa.

-Bien- respondo aun adormilada.

-Eso espero porque te espera un duro día. Peter te va a enseñar todo esto, y luego te harán las pruebas para determinar tu don, ya que quieren asegurarse, y después de esto comenzarás a entrenar. En ocasiones normales te entrenaría yo por el hecho de ser tu guardián, pero en estos momentos no puedo. Me tengo que presentar en el  Tabulam.

- ¿Y no puede entrenarme Juliette?- digo desesperada.

- Lo siento, pero ella tiene que acompañarme. Parece que no te ha caído muy bien Peter, pero cuando lo conoces bien es un gran chaval, solo que le cuesta abrirse a la gente. Por favor Gwen, intentalo.


¿Me acaba de llamar Gwen? Solo me llama así la gente con la que tengo confianza.


-Vale. –acepto.

-Gracias. – me besa la mejilla y sale.

Me comienzo a vestir y me dejo el pelo suelto. Para cuando acabo llaman a la puerta. Abro y ahí está Peter. Me mira con esa estúpida cara de superioridad. No lo aguanto.

-Oh venga, sé que soy guapísimo, pero si quieres seguir contemplándome hazme una foto, que dura más y no molesta tanto.

- Estoy completamente segura de que tu foto me molestaría tanto como tu.- respondo.

- Me refería a que me molesta que me mires, enana.  – dice con esa voz que me molesta tanto.

- Si, y a mí me molesta  tener que verte y que estar contigo y no te lo digo.

- Lo acabas de decir. Poco educado por tu parte.

- No te mereces ni un mínimo de educación por mi parte. – respondo secamente.

- Oh, mírala, la renacuaja esta se me vacila. Venga ya, a James lo tendrás engañado con esa carita de ángel, y se siente protector contigo por tu pequeña estatura, pero a mí no me importa tu estatura ni tu cara, niña.

- ¿He dicho en algún momento que quiera que te importe?

- Era un dato, para que tengas cuidado conmigo. Puede que James sea mi mejor amigo, pero tu no lo eres, y por mucho que se enfade conmigo, te dejare en tu sitio si te pasas demasiado. Tengo el suficiente poder para encerrarte, te recuerdo que te entreno y puedo usar de excusa que has hecho algo malo y tenerte un par de diitas en una jaula de luz.

-¿Me estás amenazando?- digo mirándolo con cara de asco.

- Veo que entiendes ese concepto. Tienes un poco de cerebro a pesar de ser rubia.

- ¿Qué has dicho?

- Que tienes cerebro para ser rubia. Esperaba que no supieras ni contar hasta el diez.

- Tu lo que eres es gilopoyas.  –le grito y me alejo de él.

No hay comentarios:

Publicar un comentario