Juliette me da un
pijama, y entro en la ducha. Disfruto del agua cayendo por mi cabeza y
resbalando por mi cuerpo, como si no me hubiera duchado en meses. Salgo de la ducha y me envuelvo en una toalla
blanca. Me miro al espejo. Tengo un aspecto horrible. Ojeras, pelo alborotado… Dios, sabía que estaba mal, pero ¿tanto? Me
pongo el pijama y nada mas salir lo único que se me
ocurre decir: “Tengo n aspecto horrible”. Ella ríe.
- Eso significa noche
de chicas. – dice emocionada.
- Emm vale.
****************************************
Para cuando acaba son
cosa de las dos de la mañana y estoy agotada. No me ha maquillado ni nada por
el estilo como esperaba, y sinceramente, mejor, porque ¿para qué quiero estar
maquillada a las dos de la madrugada estando en pijama? Para nada. Me ha
arreglado el pelo, que incluso pareciendo casi imposible, se me había puesto
fatal en tan poco tiempo. Parecía que me había dado una descarga eléctrica. Me
miro al espejo. Vuelo a tener mi pelo rubio normal, cortado a capas y
ligeramente ondulado por la parte inferior. Tengo la piel mas pálida que de
costumbre. Nunca he sido muy morena de piel, pero en esta ocasión estoy
bastante más blanca. Tengo ojeras debajo de mis ojos. Esos ojos tan extraños
que nunca me han gustado, pero que al parecer gustan a la gente, no se por
qué. Azules, de un tono anaranjado o
amarillento (dependiendo de la luz) alrededor de la pupila, y en la parte más
alejada de esta un tono gris claro, y con ligeras motas blancas apenas visibles
por el iris. Sé que no son feos, siempre lo he sabido, pero siempre me han
gustado más los verdes, los azules normales, e incluso los marrones, esos ojos
que la gente ve como comunes, pero que yo veo preciosos. Dicen que son todos
iguales, pero estoy segura de que ninguno es igual a otro, que hay muchas
tonalidades, empezando desde los avellana y terminando por aquellos que a simple vista pueden parecer
negros. Me miro sin decir palabra. Nunca me he considerado, por así decirlo
atractiva, puede que tenga ese estúpido pelo rubio que muchas quieren, y esos
ojos azules, pero la forma de mi cara… no me gusta. Pero por un momento, puede
que después de mucho tiempo, me veo bien, me siento, por decirlo de alguna manera,
guapa.
-¿Te gusta? – dice emocionada-
- Me encanta- digo sonriendo, siendo totalmente sicnera.
- Estas preciosa.
- Tu eres preciosa. –digo sonriendo. Ella se sonroja. Se queda callada.
-Y todos los guardianes sois, bueno, tan… - digo sin pensar, y al momento me
arrepiento.
- ¿Tan qué?
- Atractivos. –digo sonrojándome- Juliette comienza a reir.
*****************************************
Me despierta un golpe seco en la puerta. Me levanto
ligeramente y veo como Juliette se despierta poco a poco. Se frota los ojos y
va a abrir.
-Hola primita, ¿esta Gwendolyn? – oigo a James.
-Pasa – dice con voz dormida.
- Hola Gwendolyn, ¿Qué
tal has dormido?- dice con su habitual sonrisa.
-Bien- respondo aun adormilada.
-Eso espero porque te espera un duro día. Peter te va a
enseñar todo esto, y luego te harán las pruebas para determinar tu don, ya que
quieren asegurarse, y después de esto comenzarás a entrenar. En ocasiones
normales te entrenaría yo por el hecho de ser tu guardián, pero en estos
momentos no puedo. Me tengo que presentar en el Tabulam.
- ¿Y no puede entrenarme Juliette?- digo desesperada.
- Lo siento, pero ella tiene que acompañarme. Parece que no
te ha caído muy bien Peter, pero cuando lo conoces bien es un gran chaval, solo
que le cuesta abrirse a la gente. Por favor Gwen, intentalo.
¿Me acaba de llamar Gwen? Solo me llama así la gente con la
que tengo confianza.
-Vale. –acepto.
-Gracias. – me besa la mejilla y sale.
Me comienzo a vestir y me dejo el pelo suelto. Para cuando
acabo llaman a la puerta. Abro y ahí está Peter. Me mira con esa estúpida cara
de superioridad. No lo aguanto.
-Oh venga, sé que soy guapísimo, pero si quieres seguir contemplándome
hazme una foto, que dura más y no molesta tanto.
- Estoy completamente segura de que tu foto me molestaría
tanto como tu.- respondo.
- Me refería a que me molesta que me mires, enana. – dice con esa voz que me molesta tanto.
- Si, y a mí me molesta tener que verte y que estar contigo y no te lo
digo.
- Lo acabas de decir. Poco educado por tu parte.
- No te mereces ni un mínimo de educación por mi parte. –
respondo secamente.
- Oh, mírala, la renacuaja esta se me vacila. Venga ya, a
James lo tendrás engañado con esa carita de ángel, y se siente protector contigo
por tu pequeña estatura, pero a mí no me importa tu estatura ni tu cara, niña.
- ¿He dicho en algún momento que quiera que te importe?
- Era un dato, para que tengas cuidado conmigo. Puede que
James sea mi mejor amigo, pero tu no lo eres, y por mucho que se enfade conmigo,
te dejare en tu sitio si te pasas demasiado. Tengo el suficiente poder para
encerrarte, te recuerdo que te entreno y puedo usar de excusa que has hecho
algo malo y tenerte un par de diitas en una jaula de luz.
-¿Me estás amenazando?- digo mirándolo con cara de asco.
- Veo que entiendes ese concepto. Tienes un poco de cerebro
a pesar de ser rubia.
- ¿Qué has dicho?
- Que tienes cerebro para ser rubia. Esperaba que no
supieras ni contar hasta el diez.
- Tu lo que eres es
gilopoyas. –le grito y me alejo de él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario