domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo 6 Tu don


-¡¡¡¡¡NOO!!!!!!- grito. No se porque, pero simplemente grito. Un ruido. Y la maquina explota, mientras que el hombre de bata blanca abre los ojos y James deja de gritar. Respira agitadamente mientras me mira perplejo. ¿Qué ha sido eso?¿He sido yo? No creo, es imposible, ¿no?  Me quedo en silencio, mientras me muerdo el labio. El hombre de la bata llama al tal  Robert y se va. Estamos solos por unos minutos en los que solo estamos en silencio, mirando la maquina, la habitación y en algunos casos entre nosotros. Tengo miedo a hablar, miedo a lo que me diga, a lo que pase. Justo cuando voy a hablar llega el que se supone que será Robert, y libera a James de lo que lo sujetaba, o eso me parece.


- Yo que tu no huiría si no quieres que le hagamos daño. – Veo como James aprieta la mandíbula. Entonces Robert se acerca a mi y me libera también.  Rápidamente me pone un cuchillo sobre el cuello y comienza a andar, con James pisándole los talones. Recorremos un gran pasillo en silencio, unas cuantas habitaciones, y varios pasillos más, hasta llegar de nuevo áqinaa los asquerosos calabozos. Veo una rata y omito un grito. – Metete en la celda estúpido, o le rebano el cuello, ¿entiendes? – James se mete en la celda con poca gana, y Robert la cierra. Seguidamente me mete con un empujón en la de  enfrente.
Silencio. Solo me mira, al igual que yo a él, pero ninguno de los dos habla. Pasa un minuto. Tres. Diez. Y entonces habla.


-¿Cómo has hecho eso?

-No se. – respondo sinceramente. - ¿Crees que he sido yo?

- Si, estoy seguro. ¿Qué se te pasaba por la cabeza cuando rompiste la máquina?

-No se, supongo que no quería que te hicieran daño, tenía miedo, después de lo que has hecho por mi durante toda mi vida sin que yo me diera cuenta, solo deseaba que la máquina se rompiese.

- Espera, repite eso último.

- ¿Qué solo deseaba que la máquina se rompiese?

- Exacto.

-¿Qué pasa?

-Creo que ya sabemos cual es tu don.

- Ah, ¿si?

- ¿Todavía no te has dado cuenta, Gwendolyn?

- ¿Darme cuenta de qué?

- De tu don, creo que puedes hacer cosas con la mente.

- ¿En enserio? -  tartamudeo.

- Eso creo, aunque se todas formas necesitarías entrenamiento.  Yo que ti tendría cuidado con  lo que puedes hacer. Si quieres  puedo entrenarte medianamente, quizá si lo conseguimos rápido podemos salir de aquí gracias a ti. Será candado, ¿estás dispuesta?

- Claro que si, si eso implica salir de aquí, haré lo que sea.

-Vale. Concéntrate. Piensa en que quieres estar en mi celda, es una distancia corta. Concéntrate, se que puedes hacerlo.


Cierro los ojos y me concentro todo lo posible. Me visualizo a su lado, y entonces lo oigo hablar.

-¡Bien Gwengolyn, sabía que podrías!

Abro los ojos y lo veo a mi lado, sonriendo. ¿De verdad lo he conseguido?   Pongo las dos manos sobre mi boca y comienzo a reírme nerviosa. Sin pensarlo salto sobre él y lo abrazo. El al principio se queda extrañado, pero luego me abraza y ríe.

-¡Lo has conseguido Gwendolyn! ¡¿ Sabes lo que es significa?!

-¿Qué podemos salir de aquí?

- No se si estas preparada para sacarme a mi también, pero se si puedes tu sola, si te concentras, ya lo has hecho un vez, podrás otra.
Le suelto  y doy un par de pasos hacia atrás. – Si tu no vienes conmigo, yo no salgo de aquí. No  pienso dejarte con esos dementes que quieren matarte.

-Gwendolyn, por favor, no quiero que corras mas peligro.

- Me da igual, ya que sabemos cual es mi don podremos usarlo, estropear cualquier plan que tengan.

-  Es peligroso, y lo sabes.

-Déjame intentar sacarnos a los dos, por favor James.

-Solo si me prometes una cosa.

-Dime.

- Si no lo consigues, si solo consigues salir tu, no vuelas, busca ayuda. Toma esto.

- ¿El qué?


Me da una especie de cascabel con una cadena.

-Cuélgatelo. Si no consigues sacarme, hazlo sonar, aparecerá alguien y te ayudará.

-Vale.  – digo y me cuelgo el cascabel al cuello. – Pero no te prometo no volver si no consigo traerte.

Sonríe y me mira con ojos suplicantes, entonces le agarro la muñeca y se la aprieto. Me concentro más que antes. Más que nunca y dejo de sentir el suelo a mis pies.


No hay comentarios:

Publicar un comentario