Despierto, y lo único que veo a mi alrededor es oscuridad.
Trato de sentarme, pero siento un agudo dolor.
¿Qué ha pasado? No recuerdo mucho. Me pongo a pensar. Nada que me revele
con seguridad que hago aquí, ni donde estoy. Lo último que recuerdo es salir de
Carpe Diem, el club de moda de la ciudad. Y luego sentir un golpe seguido por
oscuridad. No se cuanto tiempo llevaré aquí. Ignorado el dolor me siento y
percibo mejor lo que hay en la habitación. A pesar de la oscuridad,
distingo una bombilla apagada,
probablemente esté rota. Estoy sobre una especie de cama con un colchón duro
–nada cómoda, por cierto- con una sabana
que huele a polvo. Solo hay una única
puerta de metal, creo, con una única abertura con rejas. Me pongo de pie con
esfuerzo y comienzo a andar. Miro por las rejas y veo un pasillo iluminado con
una tenue luz, seguramente iluminado por velas. De repente oigo un ruido y
corro a duras penas hasta la supuesta cama y finjo seguir dormida.
-¡Eh tú, estúpido, levanta!- escucho que dice una voz
grave y ronca. -¡HE DICHO QUE TE LEVANTES!- dice gritando. No puedo evitar estremecerme. ¿Quién será este hombre?
-Aquí tienes tu estúpida comida. Já, deberían dejar morirte de hambre, total, ya no nos sirves para nada, ya tenemos a la muchacha.
–¡¿QUÉ?! Eso es imposible, pero ¡¿CÓMO?! . – dceo una voz desesperada masculina. Se nota la rabia en su voz.
-Oh, chaval, ya no estabas para protegerla, ¿de verdad creías que no la encontraríamos?. Además, sin protección no sabes lo fácil que ha sido cogerla.
– No me mires así, además, di algo y la niña sufrirá las consecuencias. Oigo que los pasos se alejan, y escucho un suspiro. Pero no oigo mas pasos, si voy rápido tal vez consiga ver al muchacho. Me aligero y me asomo de nuevo a la rejilla. Veo a un joven de unos 16 años aproximadamente, pelo negro y ojos verdes, bastante atractivo, la verdad. De repente me mira y abre los ojos. Luego los cierra, y los vuelve a abrir, pero ya dejándolos normal.
–Hola Gwendolyn- dice con voz serena. Espera, sabe mi nombre, pero ¿cómo?
-Emm… hola… -digo pensativa- ¿Nos conocemos?
-Dudo que tu a mi me conozcas, pero yo a ti sí. Me llamo James, y soy tu guardián.
–¿Mi que?- pregunto extrañada
-Tu guardián. Mi misión es protegerte.
-¿Protegerme? ¿de que?
-De todo lo que pueda ponerte en peligro, de estos tipos por ejemplo, pero se ve que no he hecho bien mi trabajo.- Dice tratando de sonreír, aunque sé con seguridad que se trata de una sonrisa forzada, ya que se nota la tristeza en su cara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario